Aprendiendo español
Larry estaba aprendiendo español y pasaba una temporada en
España. Consideraba que tenía ya unos conocimientos bastante avanzados: en casa
se dedicaba a practicar con el subjuntivo, había estado construyendo ejemplos
en su cuaderno con varios verbos y estaba contento. Aunque aún no podía afirmar
que tuviera un dominio completo, había avanzado mucho desde que le era casi incomprensible
y veía cerca el final de esa batalla.
Otra cosa muy distinta era la práctica real. No acababa de
desenvolverse con la suficiente soltura, algunas situaciones aparentemente
simples no sabía gestionarlas correctamente y eso le provocaba cierta inseguridad.
Entró en un bar a comer, preguntó al camarero por el menú y eligió
los platos sin ninguna dificultad.
—¿Para beber? —preguntó el camarero.
—Agua.
—¿Con gas o sin gas?
La pregunta le sorprendió. Durante unos instantes su mente trató de procesarla, él sabía perfectamente el significado de gas, pero su mente acudió a buscar la respuesta a sus conocimientos teóricos, donde se encontraba más seguro: era una pregunta binaria que requería una respuesta binaria.
La situación requería inmediatez y la única respuesta binaria que se
le ocurría era SÍ/NO. Así es que respondió:
—Sí.
El camarero, esta vez hablando más despacio, como si
estuviera hablándole a un niño, volvió a preguntar:
—¿Con gas o sin gas?
Larry interpretó que el camarero consideraba que su elección no era la más adecuada y le sugería reconsiderarla. Por un momento
pensó en cambiar su elección a No, pero decidió mostrarle al camarero que tenía
muy clara su elección, por lo que volvió a responder:
—Sí.
El camarero se marchó y le trajo una botella de agua con
gas. A Larry no le gustaba el agua con gas, pero se bebió la botella entera para
mostrar al camarero que sabía lo que había pedido.
Camino de casa, un poco desanimado, pensaba en por qué, si
ya casi dominaba el subjuntivo, se seguía atascando en lo más sencillo.
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