SIRÂT de Óliver Laxe: Una lectura simple de la película.
Ver
esta película es, en primer lugar, una experiencia sensorial y después —quiero
decir después de ver la película— un ejercicio intelectual para
tratar de averiguar más sobre ella.
He visto en internet críticas, lecturas sobre su
significado, entrevistas con su director Oliver Laxe y, después de todo eso, he
llegado a una lectura en la que me encajan bastantes piezas y que voy a
plantear aquí, pero antes de eso permítanme algunas divagaciones que considero relevantes.
En las entrevistas en vivo al director, puede apreciarse que
Oliver Laxe es una persona extremadamente espiritual en el sentido de que
atiende más a sus percepciones internas, esas que provienen de una parte
indefinida de su ser, que a las construcciones racionales de su cerebro y, cuando intenta explicarse, es decir, convertir esas
percepciones en algo racional que pueda expresarse mediante el lenguaje, aparecen
las dificultades lógicas que entraña este propósito y se le ve dudar, detenerse
a pensar en medio de su discurso, desviarse hacia cuestiones tangenciales en
las que, a veces, pierde el rumbo original para centrase en otras cuestiones.
Su cabeza es un hervidero de ideas, conceptos y experiencias
que él acepta como percepciones que no puede expresar sino de forma
fragmentada. Y digo que eso es relevante porque parece lógico pensar que cuando
se expresa en sus películas ocurra algo parecido.
Si aceptamos lo anterior como válido, Sirât admitirá muchas
lecturas parciales, tantas como fragmentos tiene su discurso, no necesariamente
complementarias ni ordenadas, incluso algunas de las que ni él mismo es
consciente. De hecho, en la película abundan pequeños detalles aislados que no forman parte del discurso y que, según él mismo afirma, tratan de transmitir sensaciones, como por
ejemplo la imagen de la línea de la carretera, que él justifica porque le gusta
la textura y como representación gráfica de la música.
Lo diré ya, para mí Sirât es una alegoría de la guerra
y trataré de justificar por qué la veo así.
No sé si lo pretende, pero lo que consigue es hacernos
llegar, intacto y sin filtros, el impacto terrible que la vivencia de la guerra
causa en las personas. Diría que no lo hace con imágenes convencionales porque,
a fuerza de verlas, estamos ya insensibilizados, sabemos cómo mantener a raya a nuestros pensamientos más
incómodos, por lo que lo hace a traición, sin que el espectador lo espere ni
por asomo.
Así, aunque en la película periódicamente se hace mención a
una III guerra mundial que acaba de estallar, esta nunca toma protagonismo, la
trama parece discurrir alejada de ella, haciéndonos creer que solo es algo que
ocurre de fondo. Pero no es así. Esa aparente lejanía solo es una artimaña para
mantenernos confiados e indefensos, para que solo nos percatemos de que la
película va de eso ̶de
la guerra
̶ cuando ya es tarde para protegernos del shock.
Hay en Sirât escenas de aparente violencia gratuita, de un brutal
contenido dramático que parece injustificado. El hecho de que esas escenas
ocurran de forma inesperada y nos sorprendan sin las defensas activadas, puede
ser la causa que lleva a muchos espectadores a abandonar la sala; pero ¿acaso
no es eso lo que hay en una guerra para quien solo es una víctima: violencia
sin sentido y un sufrimiento atroz por inesperado?
En las escenas en el campo de minas del desierto, se somete
a los protagonistas a vivencias muy similares a las que las víctimas padecen en
una situación de guerra: el reto de vivir en un medio hostil, sin recursos, sin
alimentos, sin agua, sin refugio. Presenciar cómo a personas cercanas, incluso
seres queridos que, inmersos en sus quehaceres cotidianos, el impacto repentino de
un misil los ha destrozado de la forma más salvaje. La lotería de vivir, de
sobrevivir, cuando no sabes, ni puedes saber, si cruzando una calle un
proyectil te reventará la cabeza o una explosión te lanzará por los aires.
Incluso las tópicas imágenes de guerra están presentes de
manera gráfica en esos vehículos reventados por las explosiones.
Consigue además Sirât hacer al espectador sentir la pérdida.
Algunos personajes, con los que ya nos hemos familiarizado, incluso hacia los
que hemos desarrollado alguna simpatía, de repente, de forma abrupta,
desaparecen de la película. Sabemos que no volveremos a verlos más y nos
duele su pérdida.
Esta interpretación que hago de la película se me reveló a
partir de la escena final, la de ese tren abarrotado de rostros traumatizados
que huyen del horror de la guerra y cómo los protagonistas aparecen en el
recorrido de la cámara mezclados con ellos. Todos han pasado por lo mismo. Laxe
solo había aislado temporalmente a sus protagonistas para hacernos vivir con
más intensidad su calvario.

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