Legalidad internacional: Venezuela y la cruda realidad del poder.
¿Qué
papel juega la legalidad internacional en Venezuela? Un análisis sobre por qué
los derechos humanos y la democracia son solo ruido geopolítico.
El marketing de las intervenciones: De Irak a Venezuela
Recuerdo que cunando EEUU invadió Irak algunos lo justificaban
aludiendo a la inaceptable situación de las mujeres en el mundo islámico,
totalmente sometidas al varón, sin apenas derechos, les parecía bien que EEUU
interviniera para implantar una democracia. Diría que esos mismos son los que
ahora condenan la intervención en Venezuela por cuanto que vulnera el Derecho
Internacional.
El “ruido” de los derechos y la candidez de las misses
Personalmente, ese tipo de argumentos, la falta de
democracia, la situación de las mujeres o el Derecho Internacional, me parecen
de una candidez sonrojante, me recuerdan a aquellas entrevistas que se hacían
a las misses recién elegidas y en las que siempre expresaban que su mayor deseo
era la paz en el mundo. Son utopías irreales e irrealizables que en ningún caso
tienen peso alguno en la motivación de esas intervenciones. Ambas, la de Irak y
la de Venezuela, son idénticas en este sentido, responden al mismo motivo, el
petróleo o, en última instancia, el dinero, o sea, el poder. Todo ese ruido que
siempre se genera en estas situaciones con menciones a la democracia, los
derechos humanos, el Derecho internacional, que en realidad no existen más
que en la mente de algunos ingenuos son solo eso, ruido, interferencias,
distracción.
Dirán Uds. que pensar así e perder la humanidad, la empatía con
el prójimo, etc. y tienen razón, pero lo cierto es que, con el tiempo y con lo
que llevo visto en ese tiempo, voy perdiendo mi confianza en todo lo que sean
creencias, fe o construcciones utópicas, como la legalidad internacional, que a
veces funcionan, sí, en periodos transitorios de un cierto equilibrio o de
ajuste de posiciones o, simplemente, porque a los interesados le sale más
rentable que vivir en una guerra total permanente; ese aparente orden
internacional no es moral, solo es un acuerdo de conveniencia que reduce
costes y las apelaciones a esos valores solo son discursos vacíos que se
usan para ocultar a los más ingenuos el verdadero motivo de esas acciones,
llegado el momento, se pasa por encima de ellas con absoluta impunidad. ¿Dónde
está la legalidad internacional en Gaza, en Ucrania, ahora en Venezuela y en
tantos lugares y tantas ocasiones en las que se ha ignorado? ¿Cuál es la fuerza
encargada de imponerla? Porque la legalidad, cualquier legalidad, no es asumida
voluntariamente y de buena gana por los ciudadanos, la cumplen, la cumplimos,
porque si no lo hacemos hay una amenaza de consecuencias encarnada por las
fuerzas del orden y el poder judicial, que preferimos evitar. ¿Qué fuerzas y
qué poder judicial va a castigar a Netanyahu, Putin o Trump por su violación de
la legalidad internacional? ¿La ONU? Otra utopía.
Es lícito pensar así en la adolescencia, incluso algo más
allá, pero con el tiempo la vida va mostrando su verdadera cara y, al menos yo,
no puedo ignorarlo y negar lo evidente.
La ley del barrio: Capos, matones y territorio
Todas estas actuaciones, en realidad, se explican de manera
muy simple, responden a la ley natural, que incluye a la naturaleza humana, es
un matón enfrentándose a otro matón. Solo hay que ajustar la escala: ocurre
cada día en un barrio en el que pandillas rivales se pelean por el territorio,
en una ciudad donde bandas mafiosas organizadas se enfrentan exactamente por lo
mismo, y así sucesivamente hasta llegar al planeta. Xi Jingping, Putin y Trump
se pelean por territorios que incorporar a su bloque en función de su
localización geoestratégica o de la riqueza en materias primas que posea. Hemos
vivido unos años en que esas fuerzas, al menos en lo que se refiere a la UE,
estaban en un cierto equilibrio y había una cierta calma, pero el mundo cambia
constantemente y esos cambios han traído el crecimiento económico de China, que
ya es una amenaza para EEUU, o recursos, como las ya famosas tierras raras, que
se han convertido en un material estratégico, que han desequilibrado la
situación y, en consecuencia, los capos han empezado a moverse para reajustar
sus territorios. No hay más. ¿Quién se lo va a impedir?
El tablero de las materias primas
¿Alguno de Uds. cree que Ucrania está frenando a Putin durante
todos estos años por sus propios medios? ¿Que esa guerra quienes la están
librando realmente no son EEUU y Rusia? ¿Qué las acciones de Israel en Gaza
podrían haber tenido lugar sin el apoyo incondicional de EEUU? ¿Qué la intervención
en Venezuela no tiene también por objeto hacer desistir a Rusia de su intención
de tomar posiciones en esa zona, tal como ocurrirá con Cuba? Si es así,
lamento decirles que forman parte Uds. del batallón de ingenuos.
La ley del más fuerte
No. No existe un Derecho internacional. No existe en el
sentido de que todos estemos sujetos a él tal como afirma ese embaucador y
manido principio de que todos somos iguales ante la Ley. No. Lo que rige
en el mundo es el interés de quienes realmente lo gobiernan, los líderes de
cada bloque. Para el resto, mientras hagan lo que ellos les ordenan y no les
ocasionen problemas, da igual si es acorde o no con esa legalidad
internacional, pueden estar tranquilos, tendrán el beneplácito del Jefe. Pero
si no es así, si no son sumisos y obedientes, entonces les pasará lo que le ha
pasado a Venezuela que, en nombre de esa legalidad internacional y
presentándolo como una obligación moral, y esa es la utilidad de tan pomposo
documento, será intervenida y su presidente puesto ante un juez, usando para ello la fuerza
que solo el cabecilla posee, sus propios jueces y su propia justicia. Para
los Venezuela, que somos todos los demás países, sí existe un orden que respetar, el que
establezca a su antojo el que realmente gobierna, el que no tiene por encima ningún
poder o fuerza que lo someta, ni, por lo tanto, legalidad alguna que regule sus
acciones.
¿El fin del disfraz?
En este sentido me parece significativo que Trump, en su
intervención en la tv para explicar la operación que había llevado a cabo en
Venezuela, aunque mencionó de pasada el tema del tráfico de drogas y el dolor
de las víctimas por causa de dicha droga, no ocultó que su interés era el petróleo
y el negocio que las empresas americanas van a hacer en el nuevo periodo que se
inicia. ¿Es un cambio de paradigma este de ir a cara descubierta porque ya ni
siquiera hace falta mentir o solo es, una vez más, ruido para desviar la atención
de algo más importante? ¿De qué?
Nuestro destino: El extrarradio de un mundo en conflicto
¿A qué podemos aspirar los ciudadanos de a pie ante estos
movimientos inevitables que están empezando a producirse? Pues a que los
episodios violentos no nos toquen de cerca. Y para confirmar que es así solo
hay que volver a cambiar la escala. ¿A qué aspiramos en nuestra ciudad? A vivir
en un barrio acomodado, ¿Por qué? Porque en los barrios marginales del
extrarradio se viven experiencias desagradables, las necesidades que padecen
las personas que viven en estos barrios y las situaciones, muchas veces
extremas, en que esas necesidades las colocan hacen que la naturaleza humana se
muestre aquí en toda su crudeza; hay violencia, peleas, sangre… Nadie desea
tener que presenciar todo eso con sus propios ojos y, menos aún, verse
implicado en algún incidente. Mejor vivir en un barrio acomodado, bien vigilado
y controlado en el que reine el orden. Pues eso mismo, que nuestro país sea un
lugar acomodado y que las peleas, las guerras y sus consecuencias, tengan lugar
en países del extrarradio. Eso es todo lo que podemos desear.
Mucho me temo que, en esta ocasión, la UE es territorio
de conflicto. Junto con la UE es indudablemente territorio del bloque
capitalista que encabeza EEUU, pero parece que Trump no está muy contento con
los términos en que se desarrolla esa relación y quiere cambiarlos por otros
más exigentes. En ese tira y afloja China se deja querer y Putin, que mantiene
buenas relaciones con China, está atento a cualquier ocasión que se presente para
meter baza.
Mal panorama tenemos por delante. Miedo me da.
Quiero terminar esta entrada con el último párrafo de un
artículo de contenido muy similar a este que Benito Arruñada publicó en The
Objective con el título: Venezuela y el mito de un mundo con reglas.
"Aceptar esto no implica renunciar a la democracia ni al derecho. Implica construirlos sobre bases menos ingenuas. Con menos retórica moral y más responsabilidad política. Europa puede seguir refugiándose en reglas que no está dispuesta a sostener. O puede y debe empezar a dotarse del poder que hace posibles esas reglas".

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