ELOGIO DE INTERNET 2

EPISODIO 1




Hay películas que, por razones de las que uno no siempre es consciente, se fijan en la memoria y no se desvanecen por mucho tiempo que pase. Calculo que debería tener yo unos 16 años (ahora paso de los 50) cuando vi en el cine de mi pueblo una película que luego siempre he recordado y deseado volver a ver; pero de la que nunca volví a tener noticias.

En aquellos tiempos y viviendo en un pequeño pueblo de Castilla, no se iba al cine para ver una película concreta que te interesaba; había cine los fines de semana y, creo recordar, un día entre semana, se iba porque no había otra cosa mejor que hacer y lo de menos era la película que pusieran, es por esto que yo no recordaba ni el título ni ningún otro dato de la película. Por aquel entonces, además, había un curioso método de distribución de las películas que no sé si aún sigue vigente y que consistía en que la películas de mas, digamos, renombre encabezaban una lista en la que se incluían otras de menor atractivo, de manera que las más conocidas tenían asociada una lista más larga y para contratar su proyección debía contratarse la lista completa. Supongo, por lo tanto, que esta vendría incluida en la lista de alguna de cierto renombre.


Suele suceder, en estos casos, que, con el tiempo, te vuelves a encontrar con la película; no, por supuesto, en una sala comercial pero si en la televisión o en algún cineclub ¡qué tiempos aquellos de los cineclubs! Te llevas entonces una agradable sorpresa y, si te vuelve a gustar, que no siempre es el caso, almacenas en tu archivo mental el título y el director para “tenerla localizada”. Pero no; pasaban los años y esta se resistía, no aparecía por ningún lado. Pienso que no debe ser un fenómeno del todo extraño pues recuerdo también un programa radiofónico que hacía Carlos Pumares de madrugada en que mucha gente llamaba por teléfono para requerir datos de una película que había visto en cierta ocasión y de la que recordaba parte del argumento; entonces el señor Pumares, dotado de una memoria ciertamente enciclopédica, a partir de estos vagos datos, era capaz, en una exhibición casi cirquense, de determinar el título, el año, el director y la pareja protagonista.

La película en cuestión, lo diré ya, iba de un hombre, un joven rebelde que, por no recuerdo qué motivo, huía con su potente coche de la policía por las carreteras del desierto de Estados Unidos. Sucedía que en un pequeño pueblo de aquella zona, un disjockey de una emisora de radio, negro y ciego, se solidarizaba con su causa y a través de la emisora le ponía música y le informaba de las maniobras que la policía llevaba a cabo para detenerle para que, de esta forma, pudiera eludirlas, por lo que la persecución se alargaba toda la película. Mis recuerdos eran de largos planos de paisajes del desierto mientras sonaba la música que seleccionaba el disjockey.

Hace poco decidí indagar en internet con estos pocos datos para ver si daba con ella y así fue. La película se llamaba Punto límite cero – wanishing point en su título original – de un director que no debió hacer carrera, un tal Richard C. Sarafian. En algunas de las páginas web en las que se comentaba se decía de ella que era una de las denominadas películas de culto. No me costó mucho localizarla en el emule, descargarla y verla de nuevo. Por fin.

Me sorprendió mucho la fidelidad de mis recuerdos después de más de 30 años, era tal como la recordaba. Había, sin embargo, unas escenas de las que no me acordaba en absoluto: El fugitivo se refugiaba durante un tiempo en la casa de una pareja que vivía aislada y que permanecían todo el día completamente desnudos. Al final, antes de volver a la carretera, nuestro héroe mantenía una conversación a solas con la preciosa rubia de la que no me pude enterar porque, y esto me resulta curioso, en la copia que me descargué, que estaba doblada al castellano, estas escenas no estaban dobladas y aparecían en versión original, es decir, en inglés. Había otros fragmentos que tampoco estaban doblados por lo que es posible que sea un fallo de la copia, pero dado que yo no recordaba estas escenas, se me ocurre pensar que tal vez fueran suprimidas por la censura y que por eso no estaban dobladas.

Me intriga esa conversación. Parece como si la película, que durante tanto tiempo logró eludir mis ganas de volver a verla y mantuvo despierta mi curiosidad, se resistiera a desvelarme todos sus secretos.


EPISODIO 2

Hubo un tiempo en el que muchas ciudades querían tener un festival de cine. Todas buscaban especializarse en un tipo concreto de cine pero había ya tantos: cine negro, cine de terror, cine europeo, cine iberoamericano… que no era fácil encontrar un hueco. En el caso de Sevilla, ciudad donde yo vivía, se optó finalmente por la música en el cine. Se organizaban durante el festival conciertos en los que se interpretaban bandas sonoras y se proyectaban películas, clásicas y de estreno, no necesariamente musicales pero si en las que la música tuviera un papel protagonista.

Un domingo por la tarde que estaba aburrido y que se estaba celebrando el festival, decidí ir a ver una de estas películas. Busqué la cartelera en el periódico y me decidí por una americana clásica. No me acordaba de qué iba pero sabía que era una buena película. Me dirigí hacia el local en el que se proyectaba dando un paseo y llegué con tiempo suficiente por lo que tuve que esperar un rato a que abrieran la taquilla.

Resultó que en el local proyectaban dos películas del festival, la que yo había decidido ver y otra que se llamaba Mistery train. El nombre del director no me sonaba. Recuerdo que me atrajo el cartel: un dibujo en primer plano de una locomotora en una perspectiva muy agresiva que prometía acción y música de misterio, así es que me puse a pensar a cual de las dos entraba; si atendía a mi primera intención o si me dejaba llevar por la improvisación. No tengo un criterio definido para estos casos, quizá debería tenerlo y así me evitaría algunas indecisiones que pueden llegar a ser bastante angustiosas, lo haría si estuviera convencido de las ventajas de uno sobre otro; como no es así en cada caso opto por uno u otro aunque a veces tenga que recurrir a una moneda al aire. No recuerdo como lo decidí en aquella ocasión pero opté por la primera intención, la película clásica que no recordaba de qué iba pero que tenía por buena, así es que saqué mi entrada y entré en la sala.

Recuerdo que durante la espera andaba por allí un profesor mío de la Escuela que había ido con su familia y tenía el mismo dilema que yo; habían ido con intención de ver la película clásica pero él cambió de opinión y decidió que verían la otra. Yo observaba el estupor de ellas – su mujer y su hija – mientras él les comunicaba el cambio de planes.

Nada más empezar la película la recordé. Efectivamente era una buena película, un drama para más señas y la verdad es que no me apetecía nada verla; pero acepte mi destino, no sin maldecirlo y empecé a arrepentirme de no haber entrado a la otra y a alimentar la curiosidad sobre Mistery train.

Al igual que en el caso del episodio anterior, Mistery train se resistía a dejarse descubrir. En ninguna parte se hablaba de ella, no la ponían por televisión… y así pasaron años sin que desapareciera de mi cabeza el título ni el cartel, aumentando mi curiosidad, esperando encontrármela en cualquier momento… pero nada. Hasta que finalmente decidí que ya estaba bien y la busqué en internet. Resultó ser una película de Jim Jarmush – ahora ya lo conocía – me la descargué y pude por fin verla. No tenía nada que ver con lo que yo me había imaginado a partir del cartel, pero era una buena película.

Me gustaría haberla visto aquel día en el festival de cine, así habría sabido antes de Jim Jarmush.

Comentarios

  1. Esa película la bajé yo y la vimos juntos. Después bajé otras de ese director y las vimos otra vez juntos. Era una película extraña pero muy buena. Reflejaba una gran soledad y desarraigo en los personajes.
    Por eso quizás nos gustó.

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