Bocados de realidad IV

Hubo tiempos mejores

Esta fotografía tardó en salir, tardé en verla. El encuadre original era mucho más amplio sobre todo por la izquierda, incluía alguna casa más que completaba la manzana. Durante bastante tiempo la fui recortando una y otra vez hasta que apareció, como suele suceder, cuando quedó reducida a lo esencial.

La titulé Hubo tiempos mejores y cuando la hice pretendía captar la decadencia que padecen los pueblos de Castilla. Y ahí está todo lo que la pone de manifiesto, en el muro desplomado de la casa, en sus revestimientos perdidos que dejan ver las piedras o en el mal estado en que se encuentran los que aún se mantienen, en esas malas hierbas que crecen en la base del muro, en el verdín que cría la tosca pavimentación de la calle y que revela el escaso tráfico que  transita por ella y en la persiana, claro. Esa persiana inadecuada para la ventana que se adivina tras ella, la más barata que había, sin ninguna concesión a la estética (¿la estética?) ni a ninguna otra cuestión que no sea la necesidad de proporcionar intimidad a la pieza tras la ventana, de un color que debió ser chillón y estridente antes de que lo apagasen las inclemencias del tiempo. Hoy ya rota, desvencijada, descolgada de sus precarias y bastas sujeciones, descuadrada; su objeto es ocultar y sin embargo lo pone todo en evidencia.

¡Ay, Castilla!


Comentarios

  1. Mira la parte buena: si esa persiana hubiera estado en una gran ciudad, hubiera sido arrancada de cuajo después del primer botellón que se hubiera celebrado en las cercanías. ¡Lástima de polarización extrema del número de habitantes de las poblaciones!

    ResponderEliminar
  2. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, la vitalidad de las zonas urbanas tiene, entre otros problemas, las molestias que genera el botellón. Pero como todas las agonías, aquella en la que están inmersos la mayoría de los pueblos de Castilla (todas las zonas rurales en general, pero especialmente Castilla) es triste.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

PERELMAN, HÉROE O ENFERMO

Bocados de realidad III